Ese nerviosismo, esa inquietud,
ese qué pasará en ese nuevo lugar al que te diriges. Eso es lo que sigo
sintiendo cada vez que recuerdo aquel día de septiembre del ´95. El día en el
que nos juntábamos con el resto de niñas de nuestra edad al cambiarnos a un
colegio más grande donde nos encontraríamos con gente desconocida pero también
con caras familiares. Subir en la ruta y pasar lista de tus compañeras del año
pasado y saber con quien te vas a sentar el resto del año camino del colegio.
Pensar… Teresa, Maitane, Cristina y sí ahí estaban no te fallaban en ese
autobús que nos llevaba al colegio de las “mayores”.
Cumpleaños y momentos inolvidables de nuestra infancia que
poco a poco se van borrando y olvidando pero que al pasar por esa villa de Irún
vuelven, esa villa que nos unió.
Decidido…
¡Echo de menos esa inocencia y la quiero YA!

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